sábado, 18 de mayo de 2013

El dueño del perro




Por Juan Carlos Crespo

Lo escuché de pequeño, así que el recuerdo no será muy preciso y estará lleno de licencias, pero viene al pelo. Cuentan de cierto señor que tenía recelo de su vecino. Al vecino le iban bien las cosas, parecía feliz… y nuestro hombre, celoso de tanta alegría, lo llevaba mal. Buscando la manera de molestarle, se le ocurrió comprar un perro. No uno cualquiera. Un perro entrenado, agresivo, que se colara en su casa, le destrozara el jardín y le mordiera los tobillos.

Dicho y hecho. El perro en cuestión cumplía su cometido con creces: se colaba en el jardín del vecino y le incomodaba en grado sumo. Le asustaba a él y a su familia, provocaba pequeños destrozos, gruñía, mostraba los dientes, asustaba a los niños y soltaba algún bocado. En definitiva, la felicidad del vecino parecía amenazada. Ante las quejas de éste, el dueño del perro se limitaba a encoger los hombros. “¡Y qué quiere usted que yo le haga!” mientras que, de puertas hacia dentro, reía con los amigos comentando las trastadas del animal y lo estupendamente que cumplía su misión. Había sido, sin duda, una gran compra. 

Al vecino no le quedó otra que levantar una verja más segura y cambiar la puerta del jardín. Finalmente, el perro no pudo colarse más. Pero el animal había sido entrenado para lo que había sido entrenado, así que a falta de vecino, la emprendió con los amigos del dueño. Ahora, los asustados e incomodados eran quienes antes visitaban a nuestro hombre y jaleaban las gracias del animal. La consecuencia también fue obvia. No pasó mucho tiempo antes de que, hartos de sufrir en sus carnes las iras del perro, los amigos dejaran de visitar y hasta de hablar al dueño.

Y en ésas se vio nuestro protagonista, que se quedó a solas con su perro preguntándose si en realidad había sido buena idea comprarlo. Porque, claro, el animal seguía obedeciendo a su instinto. Y sin acceso a la finca del vecino ni visitas a las que molestar, el perro la emprendió con la familia de su amo, con su jardín, con los muebles y con el propio dueño. Ahora los tobillos mordidos y la familia asustada eran los del nuestro hombre. Aquel perro que había llegado para acabar con la felicidad del vecino, terminó por arruinar la vida de quien lo compró




miércoles, 24 de abril de 2013

Un poco menos de todo


Por Juan Carlos Crespo

Había algo de paradoja en las explicaciones de Xavi y Piqué tras el 4-0 de Múnich. “Han sido mejores, han sido más fuertes, han sido más rápidos…” venían a concluir ambos. Ninguna novedad. En los últimos años el Barça ha jugado a menudo contra rivales más rápidos y más fuertes. Casi siempre ha sabido frenarlos, hipnotizarlos y someterlos para que no fueran mejores. La fórmula nunca fue secreta. La empezó a dictar Johan Cruyff a base de verdades de Perogrullo que, tomadas en conjunto, son las Tablas de la Ley en el Barça del siglo XXI.

En esas tablas se explica casi todo. Incluso lo lo de Múnich. El Barça se ha mantenido fiel a un ideario que ha aplicado casi con fanatismo. Pero últimamente lo aplica menos. Respecto a su mejor versión ha ido quitando un poco de cada cosa: un poco menos de presión, un poco menos de atención atrás, un poco menos de toque… Y con ello deja de ser reconocible.

- Recurriendo a las tablas de Cruyff, si el Barça tiene la pelota, el rival no la tiene, por tanto no puede hacer gol. La obviedad define una manera de jugar. Obliga al contrario a perseguir sombras y acaba encerrándole irremediablemente atrás. La segunda parte del aforismo dice que hay que tenerla y moverla hasta que la ocasión aparezca, y entonces sorprender.  El Barça tiene un poco menos de “esa” posesión.  O se guarda el balón para protegerse, o pretende transportarlo a toda prisa hasta el área rival y acaba cambiando golpes.

- “Si no tenemos la pelota, corremos detrás de ella. Por tanto hay que recuperarla cuanto antes para que quien corra sea el contrario”. La traducción de la nueva perogrullada se llama presión adelantada. Consiste en que, cuando pierde el balón, el equipo se adelanta para recuperarlo. El equipo. No unos pocos jugadores. En Múnich era llamativo ver a Xavi o Iniesta acudir en solitario, o a lo sumo en pareja, para “molestar” la salida del Bayern, plantado atrás con cuatro defensas.

Las dos cuestiones definen una manera de jugar: se disputa el partido en campo contrario y se asumen allí los riesgos. Allí se toca y allí se recupera. El Barça elige nadar antes que guardar la ropa; se expone a recibir contras en un mal pase o en una presión fallida, pero lo asume con atrevimiento y convicción. Para lo bueno y para lo malo, es su manera de entender el fútbol. Pero en la versión actual, el Barça trata de nadar pero insiste en guardar la ropa. Duda y se desdibuja. No es ni carne ni pescado.

- “Si no tenemos gente buena para defender los córners, es fácil: no cedemos córners”, decía Cruyff. No es tan fácil, pero es una exigencia más en la manera de defender. Sin embargo, en el Allianz, ante un equipo especialmente fuerte por arriba, el Barca concedió once. La eliminatoria se decanta con dos lanzamientos desde la esquina que dan lugar a los dos primeros goles.

- Hay más cosas. Algunas son imponderables. En este blog se habló de la crisis de liderazgo sobrevenida con la enfermedad de Tito. ¿Cómo juzgar al técnico cuando de ocho meses en el cargo ha pasado tres peleando contra su enfermedad en Nueva York? ¿Cómo valorar su trabajo, la planificación del equipo, la administración de la plantilla o hasta su idea de cómo evolucionar el juego del Barça? A mí se me hace imposible.

- Otras no son imponderables. En el 2-0 de Milán, síntoma clave de la gripe actual, el Barça hizo su primer cambio a los 62 minutos (Cesc por Alexis). El segundo fue anécdota: Mascherano entró a los 88 por lesión de Puyol. Contra el Bayern sólo hubo un cambio (Villa por Pedro) ya en el 83. En ambos casos, con el equipo ahogado, cabía esperar alguna modificación desde el banquillo. Jamás se produjo.

Tampoco es anécdota la titularidad de jugadores notablemente renqueantes de lesiones (Messi el más llamativo), los pocos minutos de Bartra, la imposibilidad de que Alexis lea medianamente bien el estilo del Barça…

En suma, un poco menos de liderazgo, un poco menos de alternativas tácticas, un poco menos de atención atrás, un poco menos de manejo del balón, un poco menos de presión adelantada… Un poco menos de todo. Pecado venial contra muchos equipos. Pecado mortal contra un grande como el Bayern. 

domingo, 3 de marzo de 2013

"El fútbol es un estado de ánimo"




Por Juan Carlos Crespo

La frase, hasta donde recuerdo, es de Jorge Valdano. Aplicada con más o menos sentido en otras ocasiones, resulta imprescindible para explicar cómo viven los dos colosos del fútbol español su momento actual.

Vayamos primero a los datos: en la Liga, la competición que mejor mide el rendimiento de un equipo durante el año, el Real Madrid se encuentra a una distancia sideral del Barcelona. En la Copa, que adquiere mayor o menor valor según vaya la cosecha, se ha metido en la final, donde le espera el Atlético. Un partido nada fácil, de alta rivalidad y serios riesgos. Y en Champions tiene un encuentro de vuelta tremendo en Old Trafford. De pasarlo, le esperan en el mejor de los casos otros tres enfrentamientos para levantar el trofeo. Por el camino están varios de los mejores equipos del planeta. A día de hoy, mirando números, lo que el Madrid tiene es una final de Copa. El resto, todavía es agua entre las manos. 

Pero, decíamos, “el fútbol es un estado de ánimo”. Y el ánimo del Madrid anda por las nubes. Tras conocer los infiernos de la Liga y una discreta primera fase en Champions, las dos victorias consecutivas sobre el Barcelona han supuesto la liberación del grupo y sus seguidores. Atrás quedan las penurias de otoño e invierno. El Madrid descuenta ya la conquista de la Copa, rebusca argumentos en el calendario de Liga y, sobre todo hace resonar con fuerza el tradicional mantra de “este año, la décima”. No con la desesperación de enero, cuando no parecía más que una tabla de salvación, sino con la fe de quien siente que, derrotado el dragón familiar azulgrana, cualquier enemigo parece asequible. Y por plantilla, así debe ser. Lo difícil era verlo antes del doble enfrentamiento con el Barcelona.

De vuelta a los datos, el Barcelona acumula una ventaja  extraordinaria en Liga, se ha quedado en semifinales de Copa y tiene por delante un partido igualmente tremendo en Champions, en casa frente al Milán. Si volvemos a mirar números, los de Liga son sobresalientes; los de Copa, muy aceptables, y los de Champions están por escribirse. Serán malos si el Barça cae frente al Milán. Si pasa, el límite es el cielo.

Pero, de nuevo, “el fútbol es un estado de ánimo”. Y el Barça se ha sumido en la melancolía. Mal momento para hacerlo. Así que la Liga, que viene dando por ganada desde diciembre, se convierte en un premio pequeño, casi amortizado. Desde el tradicional fatalismo culé, incluso se ve en peligro; lo de la Copa suena, por supuesto, a desastre, y frente al Milán, muchos han olvidado de lo que es capaz un equipo con jugadores maravillosos y un estilo de juego que ha asombrado al mundo.

Así que en diez días veremos cuánto pesan los estados de ánimo. El Madrid se lo juega todo a Old Trafford. Tiene argumentos sobrados para pasar, y si lo hace, navegará a toda vela hacia los retos que se planteen en lo que queda de curso. Si no, la temporada tendrá como aliciente la final frente al Atlético del Cholo. 

El Barça cuenta con diez días para rearmarse física, táctica y anímicamente. Debería darle tiempo. Si lo hace, archivará lo de estas dos últimas semanas en la carpeta de los tradicionales baches de febrero. Si no, su melancolía tenderá al infinito.

Así que, llegado el momento de la verdad, ambos están en la obligación de recorrer caminos inversos. El Madrid debe aferrarse a sus buenas sensaciones para equilibrar unos números que hasta ahora no eran buenos. Insistir en lo concreto. Carpe Diem, que la situación lo vale

El Barça, en cambio, debe dar dos pasos atrás, olvidar su día a día reciente y situar la mirada en el panorama general. Su solución está en el método, en las raíces. Sólo volviendo a ellas puede recuperar el estado de ánimo perdido. 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Las cargas físicas y el derecho a equivocarse


Por Juan Carlos Crespo

Los ritmos de preparación del Barça han permitido analizar sus tradicionales contratiempos de febrero a partir de sus ciclos físicos. Febrero es tiempo de carga y de afinación… para que la orquesta suene de nuevo en la vuelta de octavos de Champions y hasta final de temporada. Sin embargo, esta vez hay algo más.

Respecto a años anteriores, los ciclos físicos no deberían haberse notado tanto. La plantilla es más amplia. Consolidados Tello, Thiago y Montoya, recuperado Villa de su lesión y con jugadores como Bartra, Sergi Roberto o Deulofeu en perspectiva, el margen para rotar cargas y minutos es mayor sobre el papel. En teoría, los ciclos de preparación deberían ser menos relevantes, pero de la rueda de prensa de Roura tras el clásico de Copa hay que deducir que no ha sucedido así.

La falta de afinación se nota en la velocidad que imprime el Barça a la circulación de la pelota, en dónde sitúa la línea de presión… pero si se cumplen los ciclos, esa afinación llegará muy pronto. Es un problema con fecha de caducidad. No lo es en cambio la falta de soluciones tácticas. Y en este aspecto, la carencia es llamativa.

domingo, 22 de abril de 2012

El Madrid sale del túnel

Por Juan Carlos Crespo

El Madrid resolvió la Liga en el Camp Nou y se rearmó en la tarea titánica de arrebatarle al Barça una hegemonía que probablemente no se ejerce sólo sobre el fútbol español, sino quizá sobre el fútbol del planeta. Llevaba algún tiempo intuyendo luz al final del túnel. Ahora siente con derecho que el túnel empieza a quedar atrás.  Igual que queda atrás un clásico empantanado, de mucha emoción y poco brillo, y muy marcado, con poco acierto, por las decisiones de Guardiola.

Hasta el gol de Khedira, el Madrid ofreció seguramente su mejor versión de tiempos recientes en el Camp Nou: presión adelantada, agresividad contenida e inteligente y muchas trabas al tráfico de balón del Barcelona. Michael Robinson detalló muy bien en Canal+ los errores de pase no forzados en el Barcelona. Los hubo, y también otros muchos forzados por la buena presión madridista que, con excepción de un gran pase de Messi a Xavi y alguna aparición de Tello, supo mantener al ataque local lejos de Casillas.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Adiós, doctor


Por Juan Carlos Crespo

Era verano, y España estaba patas arriba. Gobernaba un partido que se disolvía como un azucarillo; había dimitido Adolfo Suárez, conductor de los primeros años de la democracia e impulsor de la Constitución, y gobernaba Calvo Sotelo, un hombre de apariencia gris cuyo aspecto indiferente contrastaba con la firmeza de sus actuaciones. España apuntaba a la izquierda, pero todavía resonaban los disparos de un guardia civil que un año antes, en el Congreso, había querido retroceder cuatro décadas en el tiempo.

Era verano… y había fútbol. Un festín para un país con sólo dos canales de televisión pública. Fútbol, además, del bueno. Se jugaba un Mundial, y se jugaba en España, que era tanto como decir que el país se sacudía el polvo de la dictadura y que nos dejaban organizar eventos de gran magnitud.

jueves, 27 de octubre de 2011

El Madrid, la merluza y la pescadilla (y Chenel)


Por Juan Carlos Crespo

En cierta ocasión, hace mucho tiempo, estaba Antoñete en un restaurante del norte, y pidió merluza para comer. La probó, llamó al maitre, y le hizo llegar su queja:
- “Me parece que esto que me han dado no es merluza. Es pescadilla”.
Al maitre, imprudente él, se le ocurrió adoptar un aire entre ofendido y altivo:
- “No sé si el señor habrá comido mucha merluza de por aquí, y a lo mejor no la distingue bien, pero le puedo garantizar que es merluza”.

Y Chenel, sobrado de retranca como anduvo siempre, le sentenció.
- “Mire usted, merluza… la verdad es que he comido muy poca. Lo que he comido toda mi vida ha sido mucha pescadilla. Y por eso le digo que esto es pescadilla”.

viernes, 12 de agosto de 2011

¿Para qué sirve Cesc?


Por Juan Carlos Crespo

Lo más prudente sería esperar a ver cómo lo utiliza Guardiola, pero sobre el papel, con el fichaje de Cesc, lo que compra el Barça son alternativas de juego. Cualquiera que haya seguido al Barça los tres últimos años habrá comprobado que Guardiola ha ido modificando casi constantemente el dibujo del equipo. La idea esencial con Cesc no es tener otro Xavi, otro Iniesta u otro Busquets. Sus cualidades son distintas a los tres, y me imagino que eso es exactamente lo que busca Guardiola: una herramienta para encontrar más variantes de juego.

Así que el Barça paga mucho dinero por él, pero también es mucho lo que puede recibir. Vamos con un anticipo de lo que Cesc puede ofrecer a su entrenador: