Por Juan
Carlos Crespo
En cierta ocasión, hace mucho tiempo, estaba
Antoñete en un restaurante del norte, y pidió merluza para comer. La probó,
llamó al maitre, y le hizo llegar su queja:
- “Me parece que esto que me han dado no es
merluza. Es pescadilla”.
Al maitre, imprudente él, se le ocurrió adoptar
un aire entre ofendido y altivo:
- “No sé si el señor habrá comido mucha merluza
de por aquí, y a lo mejor no la distingue bien, pero le puedo garantizar que es
merluza”.
Y Chenel, sobrado de retranca como anduvo siempre, le sentenció.
- “Mire usted, merluza… la verdad es que he
comido muy poca. Lo que he comido toda mi vida ha sido mucha pescadilla. Y por
eso le digo que esto es pescadilla”.
Viendo jugar al Madrid frente al
Málaga y el Villarreal, me ha venido a la cabeza lo de Antoñete. Porque el
Madrid, el curso pasado, comió mucha pescadilla. Explicaron los más leales a la
causa que ceder el balón y esperar a la contra también era jugar bien al
fútbol; que los excesos físicos y verbales eran garra y madridismo puro, y de
paso, se aliñó el guiso con historias de contubernios y conspiraciones. Es decir,
un montón de salsas… para terminar de ocultar el sabor a pescadilla.
Pero he aquí que en el restaurante de Chamartín,
de exquisita tradición culinaria, acaban de servir merluza de la buena. De la
mejor. Y claro, no es lo mismo. De repente hay un equipo que juega bien al fútbol,
y que maneja muchos registros: sabe dominar, tener el balón, combinar en uno o dos toques y apabullar al rival. Y también sabe darle metros, provocar su salida y abrasarlo
a la contra. Es capaz de presionar muy arriba, de defender de manera impecable, de lucir, en suma, la extraordinaria calidad de sus futbolistas.
Los comensales lo notan. Porque para saciar el hambre, la pescadilla está muy bien. Pero se intuía que en la cocina había mejor género, y que el cocinero daba para preparar mejores guisos. Así que va a costar mucho cualquier intento de volver a lo anterior. Y lo anterior no era merluza. Era pescadilla.
Los comensales lo notan. Porque para saciar el hambre, la pescadilla está muy bien. Pero se intuía que en la cocina había mejor género, y que el cocinero daba para preparar mejores guisos. Así que va a costar mucho cualquier intento de volver a lo anterior. Y lo anterior no era merluza. Era pescadilla.






3 comentarios:
Que grande Antoñete!!.. pero que buena gente eres Juan Carlos!! me alegró darte un abrazo. Nos quedará su Torería!.
Grandísimo articulo y muy bien explicado. Yo añadiría que probando la merluza de Chamartín quien quiere el cansino estofado de Barcelona que será efectivo y a la vez exquisito, pero pesadísimo de digerir y de comer. Lo comentabamos ayer los amigos, que la emoción que da el Madrid de presionar y de buscar la portería en el menor número de toques posibles pero sin precipitarse no la da el Barça.
Que genio el maestro Antoñete, torero y figura hasta en la sepultura.
Un saludo @Pablitofs90
¡Qué grande Antoñete! Lo que hubiera disfrutado viendo la "merluza" buena que se cocinó anoche en el Bernabeu...
Me ha gustado mucho el símil ;) ¡Un besote!
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