domingo, 18 de mayo de 2014

El Tata y el síndrome de Rebeca




Por Juan Carlos Crespo

El día que Pep Guardiola anunció su marcha, el Barça dio por inaugurado un proceso de nostalgia que el tiempo ha ido agravando. Con el barcelonismo eternamente enamorado de los años de Pep (y con razón), el entonces presidente Rosell tuvo que buscar un heredero perfecto. Nadie mejor que Tito, hombre querido, de la casa y mano derecha del técnico saliente. El destino en forma de enfermedad trágica lo enredó todo, y un año después, la sucesión se volvió imposible: se buscaba a alguien parecido a Pep, pero no podía ser Pep. Ni, desgraciadamente, Tito. Ni siquiera Luis Enrique o Valverde, recién comprometidos. Ni Bielsa, íntimo de Guardiola pero rebotado del Athletic tras una mala segunda temporada. Así que de la chistera apareció el Tata Martino. Sin ser lo ideal, se parecía. Podía funcionar.


Un año después, la situación recuerda a Rebeca, la colosal novela de Daphne du Maurier que Alfred Hitchcock convirtió en obra maestra del cine. Para quien no lo recuerde: un aristócrata británico, Maximiliam de Winter, vive feliz en su mansión de Manderley junto a su esposa, Rebeca, hasta que ésta desaparece en un acantilado. Maximiliam vuelve a casarse con una joven, sin nombre en la novela ni en el cine, que se instala en la mansión. Pero la vida allí, bajo el recuerdo de Rebeca y bajo la implacable ama de llaves, Mrs Danvers, es imposible para la joven, condenada a la comparación con un fantasma perfecto e idealizado.

El reparto es sencillo: Pep, en el papel de Rebeca, la desaparecida esposa ideal. La planta noble, e incluso la plantilla, como Maximiliam de Winter, desconsolado perseguidor de un ideal perdido. Al Tata le corresponde el papel de segunda segunda señora de Winter. La intrigante ama de llaves, Mrs. Danvers, es lo que hace muchos años Cruyff definió como “el entorno”.

Así que quedamos en que a Martino, como a la segunda señora De Winter, le tocaba rehacer la vida y recuperar la felicidad para éste, además de devolver la luz a la tenebrosa mansión de Manderley. Misión imposible: docenas de recuerdos y cientos de consejos (de fuera y de dentro) le han explicado a Martino el método y el camino… para ser como Pep. “¿Qué Pep?” ha debido preguntarse Martino. ¿El del 2-6, con Messi, Eto’o y Henry? ¿El del 5-0, con Mourinho enfrente? ¿El de Chygrynsky e Ibrahimovic? ¿El de tres defensas en el Bernabéu? ¿El Pep que anunció su marcha porque ya no podía motivar al equipo?

Si hacemos caso a los críticos, el Tata debería parecerse a todos a la vez. Pero, eso sí, ganando siempre y sin salirse de los axiomas de Guardiola, interpretados obviamente por docenas de exégetas con mejor o peor criterio. A cambio, al Tata se le condenaba a ser comparado una y otra vez con la imagen ideal de Rebeca a la que, por supuesto, nunca podría equipararse.

Le fue bien al Tata mientras adoptó sus propias soluciones, con las que completó una primera vuelta excelente. Pero siempre había un ama de llaves recordándole que no podía usar cierto vestido, cambiar los muebles de sitio o entrar en el desván. Ni acortar la circulación, pasarse en las rotaciones, sentar a Messi, perder la posesión con el Rayo o salir con balón largo (como Cruyff o Rijkaard, por cierto). El día que el Tata dijo aquello de "no soy de la cantera ni holandés", el ama de llaves sonrió en secreto. El fantasma de Rebeca había triunfado.    

¿Era Martino el entrenador perfecto para el Barça? ¿Lo será Luis Enrique? Ni siquiera es esa la cuestión. Los psicólogos dieron en llamar “síndrome de Rebeca” a la enfermedad que producen los celos de lo imposible. Por tanto, al señor de Winter azulgrana sólo le quedan dos caminos: o ir a buscar al acantilado de Múnich a la Rebeca original, o alejar definitivamente a su fantasma y abrir una nueva etapa sin referencias constantes a la anterior. De lo contrario, el Barça estará condenado a la melancolía. A convertir al Camp Nou en una Nueva Mansión de Manderley

3 comentarios:

David Espinar dijo...

Totalmente de acuerdo. No se puede mirar al futuro si tienes presente el pasado, por mi glorioso que fuera. Hay que evolucionar, como en todos los aspectos de la vida, o el Barça jamás podrá mirar hacia delante. Un madridista

Javier Medina dijo...

Cuando Pep Guardiola llegó no solo refresco los ideales del "Cruyffismo", añadiendo su toque de personalidad, sino que también prescindió de jugadores a los que ya no podía motivar para ganar (Ronaldinho o Deco) o que según él no encajaban en su estilo (Eto'o). Así que la tarea de Luis Enrique no es nada fácil. Pero cuenta con una gran materia prima para el nuevo proyecto; Messi, Iniesta, Busquets, Piqué, Cesc, Pedro, Jordi Alba, Neymar... los que debe usar como base del equipo, consiguiendo motivarlos para seguir haciendo historia, y añadiendo juventud (Rafinha, Deulofeu, Adama, Halilovic, Denis...) y los retoques necesarios (Porteros, sustituto de Alves, centrales, un delantero centro; Llorente por Alexis no estaría mal). Escribe un bético, saludos.

la-quiniela dijo...

Después de una etapa brillante con Pep no cabe más remedio que buscar el sustito ideal, pero no se encontrará a la primera, pasarán varios entrenadores y se seguirá añorando épocas pasadas.

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